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domingo, 30 de mayo de 2010 | By: El Nazareno

Amor sepultado


La habitación se ha convertido en un féretro en el que, sin darme cuenta, me ofreces caricias de plástico. Tus dedos mienten, y dejan a su paso un insípido veneno de tristeza que contagia el ambiente y evapora los sentimientos, raspando el espíritu y deshaciendo la pasión.

Tergiversas el amor, puedo deducirlo en cada movimiento de tu cintura. Asemejas una rosa con los pétalos marchitos por la falta de riego. El agua del cariño escacea en este invierno y las lágrimas por dentro ahogan tu verdadero ser; aquél deseoso de recibir besos sinceros y palabras que estremezcan tus sentidos.

¿Dónde está aquella jóven que brillaba como amanecer en primavera al pasear de la mano junto a su enamorado? ¿dónde esa muchacha que poseía una mirada que revivía las flores muertas? ¿Hacia dónde escapó esa niña que se jactaba de ser la más feliz al rozar sus labios con la boca de "su" hombre?

En su rostro se han cincelado las marcas del tiempo, que se ha encargado de demacrar la felicidad en esa mujer. El espíritu podrido y las sesaciones esfumadas han echado a perder la esencia de la inocencia y el amor de adolescente que transpiraba paz y tranquilidad. Ahora sólo eres un saco que contiene mis deseos frustrados viscosos y sólo eso.

Te has convertido en un pedazo de carne que sólo fluye por la vida sin intención ni propósito; un zombie sin saber a dónde se dirige, únicamente impulsada por instintos y nada más. El sexo se ha convertido en tu herramienta para subsistir en un mundo cruel que ha extirpado tu espíritu noble, para dejar un vacío que te absorbe hacia la soledad.

Apenas reconozco esos ojos, que dejan de ser un espejo para convertirse en un pedazo de metal impenetrable. Par de esferas temerosas de mostrar que no existió inherencia entre tu alma y tu cuerpo; el amor aún es un desconocido que toca a tu puerta y temer que se trate de un ladrón, pero recuerda que ya no tienes algo de valor en la residencia de tus sentimientos.

-¿Te vas, tan pronto?
-No es necesario que me quede más tiempo.
-Para tí no lo es.

Guardo silencio, mientras enciendo un cigarrillo. Después de una gran bocanada, el humo se desliza por el viento con suaves caricias en la ventana ligeramente empañada. La ropa tendida en el suelo comienza a revestir mi cuerpo desnudo.

-Quizá no volvamos a vernos.
-No puedo detenerte; lo sabes.

Aquel instante parecía tan efímero y eterno a la vez. Querías parar el correr de las manecillas del tiempo, asesinar a la creación de Cronos, detenerme sólo un minuto más; pero no puedes. Tú esperarás a un cliente más, y yo voy a conseguir más amor rentado.
viernes, 21 de mayo de 2010 | By: El Nazareno

Pensamiento de un bohemio


Aún el sol no ha bañado el cielo con la tinta naranja del amanecer, y ya deseo que obscurezca, pues las estrellas en la manta negra de la noche me recuerdan tus ojos negros brillando al mirarme. Ese pequeño destello que indica el fuego que se enciende al perdernos en nuestros sentimientos y fusionarlos para que nunca más se separen.

Aún no ha transcurrido un día, y mi alma ya pide a gritos que regreses de esa eternidad en la que te has perdido, ausente de mis sentidos pero siempre presente en mis pensamientos; buscando esas delicadas manos que me ofrecen el edén del placer en cada impresión de tus huellas.

Aún percibo el calor que has dejado en cada pared, impreso en cada centímetro de piel. Aumento en la temperatura que con tu partida ha creado un glaciar que congela cada instante, para detenerlo en una longeva secuencia de tristeza que se repite a cada segundo.

Aún escucho el lejano eco de la puerta golpeando el quicio que me indica tu adiós. Efecto sonoro acompañado por las sofocantes pisadas de tus piés alejándose, encerrándome en el sarcófago de la soledad.

Aún le platico al viento que la esperanza de tu regreso es latente, aún le cuento al cenicero que tu despedida no fue absoluta y que mi cama volverá a estar completa algún día. Aún susurro deseos que son vanos pero que mis energías luchan por convertirlos en realidad.

Aún no te has ido, y ya tengo los síntomas de la añoranza.

Aún no te conozco, y ya te siento parte de mi.
lunes, 10 de mayo de 2010 | By: El Nazareno

¿Revolución moderna?


Después de más de cuatro décadas de pagar tenencia vehicular injustificadamente, Calderón propuso quitar este impuesto que sólo sería utilizado para solventar los gastos de los Juegos Olímpicos de 1968. Lo hará al terminar su ciclo como Presidente de México.

Evidentemente, nuestros políticos "honestos" no pueden dejar ese enorme hueco en la recaudación fiscal, porque los sueldos al trabajo de los funcionarios públicos bajarían o alguno(s) de los sectores serían afectados enormemente, como educación, programas sociales, etc. Se habla de un chip con registro satelital obligatorio para entonces y por el cual quizá se tenga que pagar anualmente, aunque no es algo confirmado.

Hoy resulta fundamental, para las personas que viven lejos de su trabajo o requieren de realizar varios viajes locales, la utilización de un automóvil; otras más por alardeo o por cumplir un capricho, o simplemente "para evitar la fatiga". Esa dependencia al transporte provoca que puedan darse este tipo de cobros, incluído el de la verificación 2 veces por año obligatorio, no importando si el carro apenas tiene 2 o 3 años de uso o la frecuencia con la que se utilice.

Peor aún. Los gasolinazos inesperados son noticias a las que no se les da mucha importancia, porque son en pequeños porcentajes, sin embargo, tan sólo en este año, del que van 5 meses, han aprobado sendos aumentos en la gasolina; ello representa un aumento considerable si se suma y se hace un estimado del total del precio con respecto a otros años.

Ya se avecina el festejo del Bicentenario y del Centenario, momentos en el que, independientemente de los medios utilizados, se crearon movimientos de resistencia ante la inactitud del gobierno por proponer sistemas que beneficiaran al pueblo y equilibraran la gran desigualdad social y económica del país; y mucho se habla acerca de un tercer movimiento, que cumpla la regla 1810-1910-2010.

A diferencia de las anteriores, que las herramientas eran fusiles, armas blancas y otros objetos hirientes, hoy ocupamos los medios de comunicación: internet, teléfono, propaganda, etc. Hoy existen agrupaciones que protegen el medio ambiente, redes sociales que manifiestan inconformidades masivas y que con un buen uso, pueden ser muy eficaces.

El problema es que no hay una organización: Nos llegan tantas invitaciones a diversas páginas dentro de Facebook principalmente, que nada más damos click a la mayoría; preferimos mostrar muchas inconformidades con menor significancia, a dedicarle mayor relevancia a uno en especial. Poco sirve dedicar poco tiempo a muchas actividades, es mejor dedicarle mucho tiempo a una o dos.

Por ello es mejor actuar que dar muchos clicks. Sin el uso del automóvil, evidentemente nos evitaríamos: la compra del vehículo, el consumo de gasolina (con respectivos aumentos), el pago de verificación semestral y, por supuesto, la tenencia. Aparte, ayudaríamos a una menor emisión de gases contaminantes del ambiente, un mejor flujo de los caminos con el uso de transporte público, una vida más saludable (considerando que ya no iríamos a la tienda en carro, sino caminando), etc.

¿No es ello una muestra de protesta, un poco de presión para ablandar a un gobierno rígido? Seguramente, y con guante blanco.
sábado, 8 de mayo de 2010 | By: El Nazareno

Una carta... a quien corresponda


Mi nombre es Irwin. Se hizo costumbre en mis hábitos poner una cubeta mientras me bañaba. Creía que era una práctica inútil, pero comprendí que en verdad podía ahorrarse una cantidad considerable de agua si utilizaba lo reciclado en el retrete después de usarlo.

Poco a poco, el agua fue escaseando y nos cortaban el servicio durante los "puentes, aquellos días feriados recorridos para alargar el descanso del fin de semana. No había problema, pues de alguna manera fraccionábamos el uso para utilizar sólo lo necesario durante esos días de rezago.

De pronto y sin darme cuenta, veía demasiados edificios centralizados en el Distrito Federal e imaginaba la cantidad de agua que se utilizaba; en el lugar donde quizá sólo dos familia ocuparían el lugar, ahora llegaba hasta 10 familias. Los cortes en el servicio de agua fueron más extensos y contínuos. No me dí cuenta hasta que descubrí que me bañaba "a jicarazos".

Ahora todo es diferente... todos se pelean cuando llega la pipa de agua potable resguardada por policías para evitar los constantes asaltos; evidentemente, el precio por el líquido vital ha aumentado de manera increible. Todos esperan las lluvias con ansia, esperando que la contaminación no ensucia el agua del cielo; ello permitirá un ansiado baño después de semanas de no hacerlo.

Las enfermedades se han propagado con alarmante notoriedad, pero algunos ya nos hemos acostumbrado; aparentemente nuestros órganos se han acostumbrado a los microorganismos del agua. Recuerdo, ahora que escribo esto, que si todos aquellos que usábamos agua hubieramos puesto la cubeta al esperar el agua caliente para bañarnos, que si hubiéramos cerrado bien los grifos del lavabo y usar cubetas para lavar los carros, quizá el recurso renovable no se hubiera gastado tan pronto.

Hoy es 2020, apenas 10 años antes de nuestra fecha, esperando que esta carta pueda provocar algo de conciencia entre las personas de su época, conserven todos los recursos naturales que se les brindan y cambien su línea temporal antes de que sufran como nosotros.

Atte. Irwin
lunes, 3 de mayo de 2010 | By: El Nazareno

Falta poco

Falta poco para el final del día, para que la noche cubra con su oscuro manto los cerros pelones y las grandes urbes, con sus centinelas de fierro y vidrio, con esos audaces caballos motorizados y sus personas apresuradas se resguarden ante la imponente luna. Falta poco para tenerte de nuevo.

Y poder medirte, pulgada por pulgada; repasar una y otra vez el suave desliz de la yema de mis dedos por tu piel, y que mi lengua desnude tu alma violando tu boca.

Y que nuestras piernas se entrelacen como dos eslabones de una cadena de diamante, para que ni el más poderoso metal pueda romper la unión de nuestros cuerpos.

Y que mis ojos se entierren en tu espíritu, como la más picuda y larga de las espinas, para que retoñe día con día aquel sentimiento que renace con cada suicidio del sol.

Y que mi nariz se pierda en el delicado aroma que tus poros emanan de tu piel, extasiante fuente que sensibiliza mis sentidos y derrite mi conciencia.

Y que tu espalda sea el lienzo de mis inquietas manos, que desean plasmar en ella la más majestuosa obra de arte, fruto de la pasión que desemboca en tu cadera.

Falta poco para que no haya testigos, para que la noche sea sólo nuestra y hagamos lo que nuestros instintos claman con desasosiego. Falta poco para poder tenerte... aunque sea sólo entre mis sueños.
miércoles, 3 de febrero de 2010 | By: El Nazareno

El barrio, desde otro punto de vista


Tenemos, por lo general, una idea errónea de lo que es la palabra "barrio", fuera o dentro del contexto popular al que se hace alusión. Nos imaginamos, por mero estereotipo, a un montón de cholos parados en una esquina fumando mota o robando a alguien sus pertenencias, bloques completos de casas viejas y con graffiti en las paredes, y peleas callejeras en sitios oscuros.

Hay que admitir que es cierto. En un país en el que predomina la pobreza (1 de cada dos mexicanos) y el gusto por la violencia (y si no, vean cuánta gente compra periódicos de nota roja, como El metro), este tipo de ideas se generalizan.

Muchachos que crecen en zonas marginadas buscan ganar mucho dinero y buscarse el respeto de sus amigos. ¿Cuál es la manera más corta de lograrlo? Vendiendo droga, marcando territorio con "bombas" (grandes graffitis), o peleando, robando o asesinando gente.

Finalmente, y ante la escasez de recursos económicos y de desarrollo intelectual (por la idea generalizada entre los jóvenes de que es la única manera de ser "alguien" en dichas zonas), deciden seguir el mismo camino. Por ello cada vez se llenan más las cárceles, por ello es más fácil el salir de ellas, por eso la delincuencia aumenta alarmantemente.

Ése, creo yo, es el principal problema que nos mantiene encerrados en el mundo atrasado. Es el elemento primordial que nos impide evolucionar, tanto como sociedad, como humanidad. Es una brecha tan delgada, y a la vez tan difícil de romper, que curiosamente cruzándola la sociedad sería por mucho diferente a la actual, y a la vez no la podemos concebir, porque siempre habrá uno que llame "mariquita" al otro.

Y podemos observarlo hasta en los núcleos sociales más refinados. Aquel que no fume o beba, es llamado mojigato maricón. Dichas palabras afectan en su autoestima, al grado de no sentirse parte del grupo social, y por ello decide hacerlo. Sea o no su voluntad. Esto es un ejemplo a escala.

El orgullo del barrio es aquel que logra intimidar hasta al más rudo de los foráneos, aquel del cual hablan por todas las colonias por su manera de imponer su salvajismo sobre todos. El chico malo. En cambio, el muchacho inteligente que busca sobresalir por su capacidad intelectual, es considerado "el pendejito", una rata de biblioteca, un "sin vida".

Recuerdo mucho una película que he visto varias veces, "Blood in, blood out" de Taylor Hackford, que retrata la vida de una familia chicana inmiscuida en el pandillerismo. Notoriamente, la mayoría se identifica con los rudos como Miklo o Paco, rara vez uno se refleja en Cruz, el artista de la familia; lo extraño es que en la película Cruz sí es el orgullo de la banda.

Yo pienso que orgullo debería ser algo que tenga metas positivas en un amplio sentido: desempeñar actividades que favorezcan al reconocimiento público en favor de la humanidad. En el mundo del periodismo, por ejemplo, Jacobo Zabludovsky o Ricardo Rocha, de La Merced y Tepito, respectivamente. En pro de la sociedad, no para su destrucción. Eso sí es un orgullo para lo que, despectivamente, llamamos "barrio".
sábado, 30 de enero de 2010 | By: El Nazareno

La vida de Claire...


Navega en medio del gran océano de información en internet. Observa noticias de BBC, descarga canciones de un grupo de música inglesa y charla con amigos italianos y brasileños.
Curiosamente, desprecia los platillos de comida mexicana; prefiere el sushi o el tepanyaki.

Claire nunca conoció los baleros ni el trompo, prefiere pasar el tiempo jugando videojuegos, y siempre regala productos de alguna empresa famosa (extranjera, por supuesto); cuando decide ir al cine con sus amigas, se sorprende de ver películas nacionales. Sí, Claire es mexicana.

Hace llamadas desde su teléfono portátil a todas sus amistades cercanas, o mensajea sin sentido alguno. Ha tenido muchos problemas con sus maestras por atender con mayor interés el diminuto aparato, que su clase de Ciencias naturales. Claire es, en efecto, una estudiante de primer grado de la educación básica, con apenas 6 años de edad.

Claire es una víctima del adelanto tecnológico del siglo XXI. Una época en la que el tiempo es demasiado efímero como para desperdiciarlo en cosas "banales", como el arte. Una década en la que ha ganado terreno lo útil sobre lo estético, lo eficaz sobre lo artístico y lo rápido sobre lo tranquilo.

La pequeña infante aprendió tal estereotipo de ritmo en la vida, y lo aplica incluso en las amistades. Prefiere las redes sociales a buscar nuevas amistades en diversos grupos sociales físicos. Incluso ha desechado Facebook, para dar paso a Twitter.
Cree que Facebook es dar la vuelta por la colonia, y Twitter es tomar la autopista; valora más la rapidez que la exploración. Twitter es el claro ejemplo que, si hay información que debe ser contundente, precisa y corta, también es cierto que hay muchas personas que usan la página como un vil mensajero.

¿Cómo se explican, entonces, que hace 6 meses la mitad de usuarios fueran inactivos, posteando una vez a la semana regularmente? Muchos usuarios no han mandado ni un tweet desde su registro. Y es que es tan sólo la curiosidad de sentirse parte del gran avance tecnológico el motivo de adentrarse al fabuloso mundo de la innovación.

¿Dónde quedaron los blogs, esas páginas personales que invitan a escribir libremente y sin limitación de extensión? En el olvido, debido a esa misma presión psicológica voluntaria a la que estamos sometidos cada día. Seguimos creyendo que cada día tiene menos de 24 horas, que cada hora invertida debe ser administrada con la mayor cantidad de actividades cortas posibles, en lugar de sólo una, pero bien elaborada.

Se acaban los momentos de disfrutar los detalles que se nos ofrecen con apenas abrir los ojos. Claire lo sabe, pero está tan inmersa en el 2010, como para analizarlo. Sabe que, de pensarlo, ya tendría una mala administración de su tiempo. Y, al igual que ella, miles de niños son víctimas irremediables del tiempo que carcome nuestra paciencia, y con ello su existencia.
viernes, 25 de diciembre de 2009 | By: El Nazareno

Todo vuelve


Las estrellas, tan lejanas y cercanas. Las vemos y sentimos nostalgia, nuestro pecho se expande y las lágrimas escapan con su presencia. La mayoría de ocasiones nos preguntamos, ¿por qué?

Fácil. Una madre reconoce a una hija por instinto; aunque la señora no haya conocido a la infante, una parte de ella (presentimiento, intuición, como deseen llamarle) le informa que es ella, la niña que volvió a los brazos de su madre. Los genes llaman, dice una frase.

¿Es posible viajar en el tiempo? Einstein ya lo había propuesto, pero, al igual que otros locos encerrados en su tiempo (Galilei, Da Vinci, etc.), no se le dió mucha importancia. Conforme el tiempo pasó, se demostró que las líneas tiempo-espacio están tan relacionadas, que no podemos concebir una sin la otra.

No hay una máquina, aún, diseñada para viajar a la velocidad de la luz, ni siquiera a la mitad de tal velocidad. Pero la teoría de la dilatación del tiempo dice que a grandes velocidades, el tiempo corre más despacio para el objeto que se desplaza: si se llega a cierta velocidad, una persona podrá percibir que han pasado 30 minutos, pero en su entorno, al detenerse, habrán pasado décadas o siglos. A mayor velocidad, más lento pasará el tiempo para dicho objeto.

Por lo tanto, si se viaja en una nave, a una velocidad ya descrita, regresará a la tierra, pero en el futuro.

Pero, ¿al pasado?

Ocurre un fenómeno curioso en la relación espacio-tiempo: los objetos que vemos en el cielo no los vemos tal cual son: los vemos en el pasado. ¿por qué?

La luz que recibimos del sol tarda aproximadamente 8 minutos en llegar a la tierra. por lo tanto, ¿qué vemos cuando miramos hacia la esfera luminosa? un sol del pasado, que existió hace 8 minutos de nuestra percepción. Las estrellas que vemos en el cielo las percibimos en ese momento, pero quizá ya no existen.

Un ejemplo más claro: el centro de la Galaxia de Andrómeda es el brillo en el cielo más lejano que podemos percibir a simple vista. Entre la tierra y dicho centro hay una distancia de más de dos millones de años luz, lo que significa que ese punto blanco existió hace dos millones de años, y quizá -en dado caso que así ocurriese- ya no exista.

Si usáramos un telescopio potente (pondré de ejemplo el Gran Telescopio Milimétrico de Puebla), podemos ver objetos 100 veces más débiles (en cuanto a luminosidad) que con un telescopio común; nacimiento de galaxias más lejanas... grandes metas. ¿El objetivo? ver el inicio del universo, el comienzo de todo lo que conocemos, el Big bang.

Tiempo y espacio son dos conceptos de una misma realidad.

No somos causa de un accidente, eso quiero que quede muy claro. El ateísmo es la práctica más ignorante -más que la drogadicción- de un ser humano. Una persona que cree que no hay un titiritero en esta obra llamada vida, es alguien que prefiere refugiarse en la indiferencia, ante el temor de sentirse sin control propio (libre alvedrío).

Somos el resultado de una causalidad, no de una casualidad. Por algo ocurrió el fenómeno de la evolución. De organismos unicelulares a humanos racionales. Quizá, en un pasado diferente, la línea de evolución hubiese diferido. No existiríamos. Cuánta razón tenía Darwin.

Iniciamos como australopithecus, controlando el fuego, inventando la rueda, aprendiendo la caza y el cultuvo, el uso de los metales y la exploración del mundo. Una vez descubierto gran parte de fenómenos en la tierra, al igual que el rencuentro madre - hija desconocida, centramos nuestra atención en las estrellas, de las que provenimos hace 5 mil millones de años. Resíduos de estrellas que manejan su propio destino. Todo vuelve. Algún día regresaremos a nuestro verdadero estado: polvo espacial, sin algo de especial.
martes, 8 de diciembre de 2009 | By: El Nazareno

Todo es uno


Somos un manojo de polvo espacial, sin algo de especial. Vivimos nuestra vida con la finalidad de modificar nuestro entorno, la vida de las personas a nuestro alrededor, y con ello el destino de todo el universo. Lo mismo que hacen todos.

Imaginé que era un niño en una tarde sobre la playa, con una cubeta y una pala para arena, construyendo un gran castillo con todos los detalles marcados; después, una red de caminos que, apartir de la puerta del castillo de arena, llevan hacia alguna parte; consecutivamente algunos objetos que adornaran la obra maestra erguida en el centro, y así hasta cansarme. Una vez fatigado, tendría dos opciones: deshacer todo por mi propia cuenta, o dejar que la naturaleza (el aire, las lluvias, etc.) lo haga por mi.

Después, pensé en Dios como aquel infante, entretenido por su creatividad y paciencia, creando mundos, galaxias, ciclos, estrellas... La pregunta aquí es: ¿Qué es el castillo? ¿La Vía Láctea? ¿El Sistema Solar? ¿La tierra (como planeta)? ¿Yo?

No es un acto de egocentrismo, pero lo analizo detenidamente: Puedo verme desde adentro, conduzco mi propio destino, y Dios me hace sentir que todo lo demás fue creado para mí.

Y así para cada persona. Puede ser que exista un Dios creador de todas las cosas para cada castillo, que somos cada uno de nosotros. Quizá todo lo que conocemos a través de nuestros sentidos fue creado en un universo paralelo y de manera personal, mezclado y unificado en lo que se conoce como "realidad", "existencia" u otros significantes para tan complejo significado.

Al final, todo es uno. Materia y antimateria, energía en ciclos, o ciclos cíclicos. Es claro deducir eso, pero lo divertido (aunque para muchos exasperante) está en el proceso. Esperemos que el niño nunca se aburra con la arena.
lunes, 7 de diciembre de 2009 | By: El Nazareno

El que no tranza, no avanza...

Parece una reacción natural del hombre, probablemente desde que descubrió su capacidad de controlar a las masas. Un dote que sólo el raciocinio y la avaricia conjugadas crearía, para sacar la mayor ventaja posible sobre los demás. Una luche entre la ética y el beneficio personal, que parece nunca tener fin.

La probabilidad, el margen de error y el arte de hablar mucho y decir nada (cantinflear), son herramientas que han servido por mucho tiempo a los individuos encargados de estas tretas. Reconocer dónde un objeto o servicio resulta imprescindible y escaso, es también un perfecto anzuelo.

Resultará increible analizar en dónde encontramos este tipo de sujetos: el vendedor de sodas en los asentamientos de tránsito, dando el producto en ocasiones más del 200% de su valor; los telejuegos, que aprovechan las pocas posibilidades que ofrece un concurso de este tipo; los franeleros que cuidan tu carro con cierta cuota fija en zonas en las que se celebran eventos, etc.

Otro mal de este arquetipo es aquella oferta de trabajo impresa en papeles pegados en las paradas de camión, caseta de teléfonos, etc. El protocolo de estas empresas -por supuesto, actuando fuera de las normas de la Ley Federal del Trabajo en todos los aspectos- es de ganancia redonda para los dueños: Ofrecen hasta mil 500 pesos semanales, y piden llevar el papel, en el que también se encuentra algún nombre. Al llegar, ofrecen una "capacitación" de una semana, en la que se pide una "inversión". Si pagas dicha cantidad, se te ofrece un nombre -masculino o femenino, indistintamente- y una serie de papeles impresos con tu nombre ficticio. Tu trabajo es colocar dichos papeles en los lugares ya citados de la gran urbe, a la vista de la mayoría, y cada vez que una persona llegue con un papel que pegaste en la calle, tome el curso y pague la "inversión", se te retribuirá un porcentaje. El trabajador sólo cumple la función de señuelo.

Un fenómeno definitivamente preocupante, pero que creemos que mientras no nos afecte directamente, no tenemos por qué enfrentarlo. Son ese tipo de cuestiones las que no permiten que el ser humano evolucione completamente. Si de eso se trata lo que vulgarmente llamamos éxito, prefiero seguir escribiendo en un blog.

"¡¡NO PIENSEN QUE SOY TRANZA!! Soy medio sordo a veces" (Conductor de telejuegos)
martes, 17 de noviembre de 2009 | By: El Nazareno

Derecho de réplica

Señor Sistiaga:

Sé que no tiene siquiera idea de la existencia de este modesto, sencillo, diverso y en ocasiones controversial blog de un servidor; colegas en distintos niveles (por supuesto, superior usted), pero creo que con la misma inquietud de conocimiento e investigación.

Recién observé su reportaje "NarcoMéxico", y en verdad que desde el principio estaba maravillado por su trabajo, más por el hecho de ser usted un periodista extranjero y realizar un trabajo tan detallado de un país ajeno al suyo.

Un minucioso y detallado análisis, además de entrevistas oportunas e imágenes impactantes, otorgaban al video un valor periodístico alto, rico en forma y contenido. Debo admitir -y es una opinión fuera de la crítica objetiva que planteo- que a pesar de que el acento castellano no es de mi total agrado, no era objeto de menospreciar siquiera al mínimo el audiovisual.

El tropiezo viene cuando vincula el narcotráfico y la violencia generada por este fenómeno con el culto a la Santa Muerte. Y es que, al parecer, se ha basado en todos los medios de comunicación nacionales (mexicanos) para entrelazar ambos elementos. Es ahí que todo el excelente trabajo realizado comienza a inclinarse hacia un ataque injustificado contra la creencia.

¿Por qué afirmar que es un culto de narcotraficantes y delincuentes, cuando hay personas como yo, que simplemente busca creer en algo tan real como la muerte, y a la vez existir maleantes católicos? ¿Cuál es la intención de señalar el culto a la Santa Muerte como satánica, cuando no hay sacrificios ni ritos ajenos al catolicismo que no sea la presencia de la figura ósea?

Quizá sea algo atrevido, tal vez imprudente y subjetivo de mi parte, decirle que noté cierta sorpresa, en su entrevista a doña Queta, ante la respuesta a su pregunta acerca de las peticiones de los devotos. ¿Soy yo, o le extrañó que doña Enriqueta le respondiera que por los familiares presos? Creo que todos los religiosos tienen derecho a rezar por ello, cualquiera que fuese la causa del encarcelamiento de estas personas.

No defiendo a aquellos que delinquen o se ganan la vida de una manera no honrada; defiendo aquellas creencias estereotipadas por los medios de comunicación masivos. Y no quiero parecer, señor Sistiaga, un fanático más; sólo pensar en que la realización de este tipo de reportajes requiere la mayor objetividad posible, y no atar cabos no exactos, como decir que la adoración de la Santa Muerte es una muestra de rebeldía.

De cualquier manera, un error lo comete hasta el mejor de los expertos. Recomendable en lo absoluto su reportaje, señor Jon Sistiaga; enhorabuena y si algún día, por algún motivo, error u accidente, lee este humilde blog, sabe que cuenta -pero por supuesto- con derecho de réplica.

sábado, 7 de noviembre de 2009 | By: El Nazareno

Ocasión especial


La ocasión era especial, la corbata combinaba con la camisa y el sol pincelaba una mañana agradable. No acostumbramos formar ofrendas típicas con alimentos; preferimos visitar los lechos nuevos de aquellos que ya no están en carne y hueso.

-¿Por qué te vistes así? ¿para ir al panteón?- Preguntaban en cuanto me veían; y es que se reciben críticas al vestirse fachosamente y formal. La respuesta es tan sencilla como obvia: Nos vestimos bien porque es una representación física de la disposición simbólica. Queremos vernos bien cuando la ocasión es especial, y era lo que ocurría.

Y es que tenemos -como sociedad- una bizarra y contradictoria concepción de la muerte: se le atribuye el género femenino, cuando a la mayoría de los significantes intangibles, el masculino -inclusive alma, que empieza y termina con a-; se le adorna graciosamente como un esqueleto disfrazado de mujer y nos mofamos de ella con versos alusivos a la "no-vida", pero se le teme en exceso cuando existe la posibilidad de que nos suceda.

La convertimos en un fenómeno voyeurista: compramos "La prensa" o "El metro" para ver al muertito de la primera plana; nos encontramos dispersos durante el velorio, pero estamos atentos cuando es hora de sepultar al difunto; nos llama la atención ver el video del asesinado, y entre más sangre, mejor.

La vemos como un hecho misterioso, cuando es natural; como un suceso lejano, cuando pasa en todas partes; como un futuro negativo, cuando puede significar una nueva oportunidad. Pero nuestra condición humana nos convierte en seres indefensos y temerosos ante lo desconocido.

No soy católico, pero definitivamente creo absurda la idea de morir y dejar de existir; es como pensar que somos producto de un accidente. Tengo la idea de que, de cierta manera, nuestros "muertos" no se van, queda su esencia en la tierra. Por eso creo más en la muerte que en la vida, porque la segunda no existiría sin la primera.

El 31 de octubre era un día especial: la corbata combinaba con la camisa y el sol pincelaba una mañana agradable; un conjunto norteño tocaba "un puño de tierra", y mi hermano reía sólo ese día... sólo para mí.
lunes, 2 de noviembre de 2009 | By: El Nazareno

La cultura del redondeo


Vaya sorpresa.

En una sociedad donde la imagen es lo importante (leer "como te ven, te tratan"), un cortauñas es una herramienta necesaria para una imagen impecable, sobre todo al estrechar la mano. La Farmacia del "ahorro" era el lugar más cercano para adquirirlo, pero no obstante que resultó caro (más de 20 pesos el pequeño), la cajera me pide -casi anticipando mi afirmación- un redondeo de un peso. Por supuesto, no era redondeo, sino un donativo, pues no redondeaba la cantidad.

¿El motivo? qué otro sería, si no apoyo para el próximo Teletón a un mes de celebrarse el evento. En la última edición de este programa de recaudación de fondos para los niños "discapacitados" -es decir, en 2008-, se recaudó un total de 22 mil millones de pesos, todo libre de impuestos según el artículo 31 de la Ley de ISR. Ello es sólo la célula madre del cáncer de lástima al que nuestra sociedad nos ha sometido.

¿Sentimiento de culpa ante el abstencionismo?

Claro. Y es que, si no diste nada para el TELETÓN, eres un indivíduo sin sentimientos y no te preocupas por los demás; si no donas los 27 centavos en el súper, eres una persona coda, avara y sangrona. El programa redondeo genera hasta 10 millones de pesos al año, sin contar que existen otros proyectos similares -tan solo en la cadena Comercial Mexicana-, como Un kilo de ayuda, Tus centavos son sonrisas, etc.

Justo en el momento en el que el incremento a varios impuestos (aumento al I.V.A., I.S.R., telecomunicaciones, etc.) en la Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2010, tendremos que ser más cautelosos con nuestros gastos.

Mientras diputados olvidan el proyecto de austeridad que consiste en la reducción de sus sueldos, las empresas nos exprimen, sutilmente, los bolsillos; porque seguramente serás criticado si no "aflojas un billete" en el Teletón 2009. Y no falta aquél que busca la oportunidad en que las miradas apuntan la moneda entrando en la alcancía, o que presume su estampilla de que donó para la causa.

¿Hasta cuando seguiremos satisfaciendo el fetiche de las empresas que buscan adinerarse a costa del sufrimiento de los pobres, enfermos, quemados, mutilados y "personas con capacidades diferentes"? No tengo la menor idea.
lunes, 19 de octubre de 2009 | By: El Nazareno

¡Maleducados!


Hablamos de un país sin corrupción como si fuera una realidad alcanzablemente ajena a nosotros; nos referimos a una sociedad sin violencia como si no estuviera en nuestras manos el logro; expresamos nuestro estancamiento buscando un motivo que parezca razonablemente culpable.

Vaya ideas sin sentido. Lo imperceptible no funciona en un mundo regido por los sentidos, así como la cultura utópica no sirve en una realidad dinámica. Queremos que la delincuencia sea detenida y tomamos algo ajeno a la primera oportunidad; fomentamos "alzar la voz", pero le decimos al policía que nos dé chance.

Es gracioso que nos imponen leyes para una mejor convivencia, y nos molestamos cuando se nos pide cumplirlas: las escaleras peatonales se crearon para no exponer a los caminantes, pero la subida y la bajada son incómodas; nos irritamos ante un policía de tránsito que nos indica la línea de las personas a pié, y como andantes sin vehículo creemos que el poder es nuestro y nos cruzamos a la mitad de la cuadra, porque ¿para qué ir hasta la esquina?

No es exagerado, en verdad yo también me mofaba de los comerciales de "un delito pequeño lleva a uno grande", pero es una cadena entrelazada; al dar mordida a un oficial de tránsito, ocasionamos que busquen un motivo para imponer una multa de una falta quizá inexistente; nos pasamos un alto creyendo que obtenemos una gran ventaja por unos segundos, cuando lo único que ocasionamos es un riesgo a los andantes a pie.

Aunque parezca ridículo, muchas veces se solucionan innumerables conflictos por un "gracias", "con permiso", "perdón"; pero en la cultura en la que muchos de nosotros nos educamos se siembra la banal y absurda semilla del orgullo, que tantas veces nos impide ser felices (léase el post: "¿tener la razón o ser feliz?).

Educación vial, peatonal, social, hasta sexual; si todo ello fueran apartados en un examen, seguramente la mayoría estaríamos reprobados. Pero, ¡qué importa! De cualquier manera nos sentimos orgullosos de ser los mejores, aunque sea en una clasificación negativa (léase: "a segunda vuelta", "amor y amistad... a la mexicana").
miércoles, 30 de septiembre de 2009 | By: El Nazareno

Monopolio milenario


No encuentro el meollo del fundamento mediante el cual Francisco González y compañía se basan para afirmar en sus comerciales televisivos que son "El futuro del periodismo". ¿Se refieren acaso a la monopolización de los medios de comunicación masivos? Lo que comenzó como un mero proyecto de periódico se ha convertido en una red de información noticiaria a través de los Mass-media: Periódico local, periódico en distintos estados de la República, canal de televisión y una revista semanal con un chisguete de lo ocurrido en la semana.

¿El futuro del periodismo? No hay nada novedoso en lo que nos muestran. Ni siquiera la presencia de un desgastado Ciro Gómez Leyva, del cual medio México muestra afecto hacia su persona, pero sus constantes señalaciones (Jaime Avilés, periodista) y su relación con Carlos Ahumada, lo indican como un periodista con un letrero de "Se vende" en la frente. Pero esta no es una hogera, así que no quemaré a nadie más de la cuenta.

Vaya, creo que hay otros medios que se interesan más por su presencia en internet -a mi punto de vista, el verdadero futuro del periodismo-, insertando presentaciones flash o videos multimedia (es decir con un menú interactivo) en sus portales. Al menos, El Universal se preocupa más por ello, aunque en el aspecto de la redacción en sus textos de internet sean algo descuidados.

La revista proceso se ha encargado de presentar documentales impresos o reportajes ilustrados bastante interesantes; hace poco dí una hojeada al especial de narcotráfico, mucho más interesante que presentar en televisión un par de decapitaciones, que caen más en el morbo, que en la presentación de una cruda realidad.

La idea de un semanario de noticias parece más un intento desesperado de conseguir acaparar un mercado más amplio, que una forma de informar a la gente. Por inmediatez, cae en lo anticuado; por precio, creo que un periódico contiene mucha más información y quizá el precio no sea tan desigual. Su línea editorial... bueno, qué se puede esperar de un diario marca Televisa.

¿El futuro de la información es Milenio? Prefiero quedarme en el presente. Al menos con ese futuro malvislumbrado
martes, 29 de septiembre de 2009 | By: El Nazareno

¿Hago o soy hecho?


Todo lo que el hombre hace es cultura; por tanto, todo objeto ya modificado de su estado natural es un aspecto cultural: Cuando se trata de madera o metales transformados en muebles, es cultura artesanal; al convertir las telas sintéticas en ropa o adornos, es la cultura de la moda; cuando se forman figuras meramente decorativas, se llama arte; y podría continuar con un sinfín de aspectos naturales convertidos en cultura, pero sólo lo ejemplificaba.

Ello nos lleva a concebir un mundo totalmente cambiado, al menos en una zona urbana. Puede percibirse el mundo como algo que nosotros hemos hecho, pues de conservarlo tal cual, nos consideraríamos como una especie sin evolución, aún primitiva; nuestro instinto de comunicación ha logrado que el mundo sea tal cual hoy lo conocemos: donde los teléfonos celulares y el internet permiten una comunicación instantánea aún a miles de kilómetros de distancia. Y entre más moderno, mejor.

Este último punto es el que concierne al tema de este post: ¿Nosotros hacemos a las cosas, o las cosas nos hacen? ¿Somos el adorno de un Blackberry o de una Palm? ¿Nos reducimos a nada sin la iMac o sin la Vaio? ¿Nos colapsamos si nos ponen enfrente una máquina de escribir?

Muchas personas creen ser superiores por traer un traje Ermenegildo Zegna o ropa Louis Vuitton, cuando creen que ésa es su única cualidad: una cara bonita, un cuerpo bien formado o 9 mil pesos cargando sobre la piel.

Tampoco digo que sea malo tener una buena presentación de vez en cuando y en el momento en el que se necesita, utilizarlo. Lo criticable es no poseer características extra al momento de volverse innecesaro el aspecto físico; en las pasarelas o como modelo de una revista, evidentemente las cosas cambian.

Pero cuán triste resulta una vida en la que todo gire en torno a lo superficial, en el auto o vestido de moda, en las zapatillas más caras o los eventos más prestigiosos. O peor aún, a "viborear" a una persona, humillándola verbalmente sin que se dé cuenta.

Hablaba en un post anterior acerca del control, refiriéndome a las máquinas. Podría esta publicación tratar un tema parecido, pero relacionado a todas las cosas; la diferencia radica en que sí necesiitamos a las máquinas, lo que no necesitamos es el sentimiento de arrogancia que (las máquinas y cosas en general) nos hacen creer que tenemos. Entre más tengo, más se de cuánto carezco.
jueves, 24 de septiembre de 2009 | By: El Nazareno

Entretejiendo la pobreza


Es fácil culpar y exhumar cuando se está del lado del juez. Cuán sencillo resulta culpar a otros culpables (que lo son) sin delatar nuestra propia responsabilidad. La naturaleza y nuestros propios costumbres y valores así nos lo han impuesto: nacimos para criticar sin ser criticados, o al menos, no es de nuestro agrado vernos frente a nuestro reflejo, el único sujeto capaz de no engañarnos.

Dicen que el gobierno tiene la culpa de nuestra situación. Y la tiene. Pero es necesario no olvidar que en esa fechoría existen cómplices inconscientes de esta connivencia: muchos de nosotros. Al dar una mordida para evitar un trámite, al intentar salir de pobres buscando el premio grande de la lotería, al no participar activamente en la política mexicana porque estamos más atentos al superclásico del fútbol; lo demás puede esperar. Pero la pobreza ahí sigue. El hambre no espera.

La mayoría de las personas dicen que para mejorar la situación económica hay que acabar con la pobreza; y es como definir a Dios como “algo”. Otros, un poco más orientados, dicen que se debe distribuir de manera más equitativa la riqueza. Es tan sólo la punta del hilo arácnido, y yo no pretendo desenredar la telaraña.

El mercado informal es un problema de tantos que tenemos a causa de esta no equidad económica. No está documentado, basta cruzar cualquier avenida o calle principal, para darte cuenta de la gravedad del problema: niños, mujeres, ancianos y también hombres con edad para trabajar, en las esquinas esperando algún carro con el parabrisas sucio. O vendiendo golosinas, llaveros, discos piratas, o simplemente pidiendo dinero a cambio de una cara de angustia no fingida, pero sí con un exhibicionismo remarcado, en busca de la compasión de la gente que tenga una moneda “que no afecte en nuestra economía”.

Si, es cruel ver a estas personas ante tales condiciones de vida; pero es más cruel ser el sostén de estos “trabajos”, que genera más ingresos que un obrero u otra persona que perciba el salario mínimo como paga por sus jornadas de 8 horas o más, ante actividades sumamente desgastantes. ¿Cómo estamos manteniendo esos trabajos informales? Regalando una moneda a una indígena (para nada con connotación despectiva), o al muchacho de la franela que cuida nuestro carro.

¿Cómo solucionarlo? No es nada sencillo, si tomamos en cuenta que el mercado informal ha llegado a generar hasta 33% de la economía nacional. Esto es originado porque las oportunidades de empleo son escasas, la paga es paupérrima o no se les brinda por discriminación de tipo racial, sexual, física y un considerable etcétera. Los estereotipos han sido causales de nuestros más grandes errores, han transformado a un ratón en un monstruo y han alimentado a la pobreza por marginación de manera preocupante. Es obvio que cualquiera busca nuevos horizontes económicos, y los encuentran en los ya citados, además de otros como la prostitución, el robo y el narcotráfico.

La siguiente pregunta se refiere a cómo generar empleos para estas personas. Ello ya requiere la participación de los altos funcionarios: aprobar leyes para que las PyMES puedan crearse de manera más sencilla y sin trámites enredosos; esto permitirá a un pequeño o mediano empresario producir con mayor efectividad y prontitud, y así hacer crecer su empresa; a su vez, requerir un mayor número de empleados que cumpla con las expectativas de desarrollo y brindar esos huecos de empleo que sufrimos. Para que las empresas nacionales crezcan –y ahora sí, en lo único en lo que ha acertado el PRD en sus spots durante su campaña para las elecciones del 2009- es consumiendo productos nacionales; de nada sirve la proliferación del mercado nacional si como consumidores lo seguimos despreciando.

También considerar el trabajo del subordinado. No descartamos la importancia del gran empresario, emprendedor y con gran capacidad de liderazgo, pero no olvidemos que la fuerza de trabajo, la “mano de obra” hace funcionar a la empresa de igual manera, por lo que una retribución considerable mejorará el desempeño del trabajador y su relación con sus compañeros y jefes. La comisión Nacional de Salarios mínimos podrá establecer el doble del salario mínimo actual, así como reformar la Ley Federal del Trabajo y establecer un organismo que regule el pago efectivo del salario al trabajador, así como sus ingresos extra (vacaciones, indemnizaciones, horas extra, aguinaldo y otros) y verificar que cada empresa maneje todos estos parámetros en sus contratos.

Otro factor también le compete: la educación. Pero no se trata de construir una escuela primaria o secundaria y mostrar que eso es un ejemplo de apoyo a la educación, sino diseñar proyectos para que los estudiantes reciban capacitación que en un futuro les sea útil, y no los talleres que se imparten actualmente, que quizá en un año o dos olviden.

Obviamente, que de esas habilidades desarrolladas surjan oportunidades de empleo bien remuneradas: es cierto que una persona con licenciatura o doctorado debe recibir mayor cantidad de ingresos por su acervo cultural y gran conocimiento de su especialidad. Pero un barrendero, un electricista y otros empleos considerados inferiores de manera errónea, también deben recibir un salario considerable, pues son actividades pesadas físicamente.

Pero ello probablemente signifique un yate menos, un viaje a París cancelado, una mansión que tendrá que esperar. ¿Pero cómo me van a hacer eso a mí?, preguntaría el gran empresario. ¿Cómo le quiero quitar un pelo a un gato? Soy un desconsiderado, desalmado e inconsciente.

Si estos individuos decidieran no cumplirse sus “pequeños caprichos”, muchas personas estarían más interesadas en trabajar en alguna empresa, no importando la labor. Ya no estarían interesados en cuidar coches, limpiar parabrisas o vender playeras en los tianguis. Ello reactivaría gran parte del dinero al Producto Interno Bruto, al dejar la economía informal de lado. Generarían mayor cantidad de recursos gracias al pago de impuestos y, por ende, habría mayor presupuesto público; sin contar las inversiones de los pequeños y medianos nuevos empresarios.

Ojo. Esto, como lo dije al principio, no pretende desenredar la gran telaraña socioeconómica en la que nos vemos inmersos, simplemente pretendo mostrar utópicas soluciones en un panorama imaginario. Después de todo, no es un delito soñar; si así fuera, los pobres y los periodistas pagaríamos cadena perpetua.
martes, 22 de septiembre de 2009 | By: El Nazareno

¿Tener la razón, o ser feliz?


Parece un dilema tan fácil de resolver, y muchas veces nuestros propios prejuicios nos impiden solucionarlo de la mejor manera.

Vamos por la vida peleando con todo mundo, en muchas ocasiones sin importar el problema; el sentido es tener la razón, no perder alguna discusión, porque cada una representa una batalla. Una guerra psicológica en la que nos vemos inmersos diario, y en la que el ganador no obtiene un premio, no una recompensa sino aquel autoreconocimiento inútil -acaso el reconocimiento "extra" de otros oyentes-.

Se vuelve crítico cuando se busca un motivo para discutir, pues ese autoreconocimiento se convierte en un sentimiento necesario y el indivíduo se siente incompleto e inseguro si no se gana una discusión.

Ocurre con nuestra pareja amorosa, con nuestros amigos, con nuestros padres, con nuestros jefes... y no distinguimos el momento en el que una plática se transforma en una riña verbal, pero, ¿Qué pasa si damos nuestro brazo a torcer, si cedemos un poco para que termine la discusión y dar paso a un tema nuevo?

¿Vale la pena intentarlo? No hay mucho que perder, y en cambio, se pueden tener distintos beneficios; quizá ahorremos saliva, evitado un coraje, continuado una charla que quizá pudo esfumarse ante una pelea de palabras. Hasta podremos conservar una amistad que quizá se vea fracturada por una discusión absurda.

Pero hay un sentimiento que nos impide realizar esta sencilla práctica: nuestro orgullo. Esa vanalidad psicológica provoca tantos disturbios en las relaciones sociales, que debería ser erradicada; ello sólo se logra con la práctica, así que por mi parte ya inicié el entrenamiento. ¿Tener la razón o ser felíz? la báscula no miente.
martes, 1 de septiembre de 2009 | By: El Nazareno

Control descontrolado


Pensaba, mientras el tintineo del foco en el techo se desvanecía de golpe, en lo aburrido del mundo sin la tecnología, sin la televisión decorando el silencio con alguna novela sin chiste o la computadora reproduciendo un video de youtube. 20 minutos fueron más que suficientes para darme cuenta de lo tristemente rudimentaria que sería la vida sin la electricidad, sin las máquinas que nos hacen -curiosamente- el día más corto.

Decidimos pasar la vida de manera fugaz, sin saber el por qué; preferimos no averiguarlo, porque de encontrar la respuesta, tal vez nos atemorice. Quizá pasamos del alba a la noche como si fuera el último día por el simple hecho de darle valor único a la prisa como respuesta a nuestra existencia. No nos detenemos a analizar el mundo porque desperdiciaríamos el tiempo pensando en ello, cuando creemos que "andar a las carreras" es nuestra razón de estancia en la tierra; o peor aún, creemos que así se vuelve más productiva (a veces erróneamente).

Una especie de colapso invade la habitación, mientras me cuestiono acerca del control. ¿Qué es control? No es intimidar a los demás para crear respeto, tampoco la planificación económica (o de cualquier otra índole) a largo plazo, mucho menos se refiere al aparato que permite manipular a distancia la televisión. Todo eso se derrumba de un momento a otro: el día que el intimidado reacciona, cuando el jefe despide al empleado, en el momento en el que se va la luz y deja de funcionar el televisor.

El aburrimiento es el enemigo principal al que pretendemos vencer. Una lucha sin tregua en la que, para vencerlo, utilizamos todos los métodos -en ocasiones contraproducentes-. Pasamos la vida diseñando futuros inciertos o construyendo caminos sin salida, creyendo que tenemos el control absoluto de nuestro destino. ¿Cuál control?

Prendo un cigarrillo, quizá no por la necesidad de nicotina, sino para que el tiempo se haga más corto. El destello del cerillo alumbra macabramente el hueco entre mis manos, mientras la desprotección me cobija; desprotección creada por la falta de la tecnología. Justo cuando creíamos tener el control sobre la tecnología, caemos en el error. La tecnología tiene el control sobre nosotros; sin ella, nos reducimos a una masa amorfa e inútil.

De pronto, un flash me cegó, anunciándome el regreso de la electricidad. Mentalmente abrazo todos los electrodomésticos, comprendiendo una pequeña lección natural. Inmediatamente enciendo la televisión; cualquier canal es bueno. Mientras tomo el "control" remoto, apago el cigarro, medicina destructiva de la ansiedad inconsciente, sin siquiera fumarlo por completo.